Nota 07 Riesgo y gestión 13 de agosto de 2026 Lectura 7 min
Valoración del riesgo de violencia: qué significa realmente «riesgo alto»
Los instrumentos de valoración del riesgo no predicen conductas futuras. Estructuran la información disponible, describen escenarios y orientan la gestión. Leerlos como pronósticos individuales es un error técnico con consecuencias sobre derechos fundamentales.
El campo atravesó tres etapas. La primera fue el juicio clínico no estructurado, cuya exactitud resultó pobre. La segunda fue el enfoque actuarial, que mejoró la precisión estadística a costa de rigidez y de escaso valor para la intervención. La tercera, hoy dominante, es el juicio profesional estructurado.
Cómo funciona el juicio profesional estructurado
El HCR-20 en su versión 3 (Douglas, Hart, Webster y Belfrage, 2013) es el exponente más difundido de este modelo. Organiza veinte factores de riesgo en tres dominios: históricos, clínicos y de gestión del riesgo. Su procedimiento no consiste en sumar puntos. Exige, para cada factor, valorar por separado su presencia y su relevancia para esa persona concreta; después construir una formulación que explique por qué esa persona ha actuado violentamente; después describir escenarios plausibles de violencia futura; y finalmente proponer un plan de gestión y emitir juicios resumen.
Douglas, Hart, Webster, Belfrage, Guy y Wilson (2014) describieron el proceso de revisión que condujo a esta versión y su fundamento: los instrumentos de juicio estructurado seleccionan factores a partir de revisiones amplias de la literatura, no de una única muestra, para favorecer la generalización entre contextos.
Lo que un juicio de riesgo no autoriza a decir
La categoría «riesgo alto» expresa que la persona presenta una configuración de factores que, en la investigación disponible, se asocia a mayor probabilidad de violencia y que requiere un nivel intensivo de gestión. No afirma que vaya a delinquir. El problema de la inferencia del grupo al individuo impide traducir una tasa poblacional en una probabilidad puntual para una persona determinada, y ofrecerla como si fuera posible es una sobreextensión del método.
Dos consecuencias prácticas. Primera: el juicio de riesgo es dinámico y caduca; los factores clínicos y de gestión cambian, y un informe de hace dos años no describe la situación actual. Segunda: el resultado debe comunicarse junto con el plan de gestión, porque su función es orientar medidas, no etiquetar personas.
Condiciones de uso
Echeburúa, Muñoz y Loinaz (2011) sitúan las escalas de predicción del riesgo entre los instrumentos surgidos específicamente del contexto forense, y subrayan que su utilidad depende de la indicación correcta: cada instrumento fue desarrollado para un tipo de violencia y una población. Aplicar una guía de violencia general a la violencia de pareja, o una diseñada para adultos a personas adolescentes, invalida el resultado por más cuidadosa que sea la aplicación.
Claves para la práctica
- Preguntar qué instrumento se usó, para qué población fue desarrollado y si corresponde al caso.
- Verificar que se hayan valorado presencia y relevancia, no solo presencia.
- Exigir la formulación del caso y los escenarios, no únicamente la categoría final.
- Rechazar probabilidades numéricas individuales de reincidencia.
- Comprobar la vigencia temporal del juicio y su acompañamiento con un plan de gestión.
Referencias
- Douglas, K. S., Hart, S. D., Webster, C. D., & Belfrage, H. (2013). HCR-20V3: Assessing risk for violence — User guide. Mental Health, Law, and Policy Institute, Simon Fraser University.
- Douglas, K. S., Hart, S. D., Webster, C. D., Belfrage, H., Guy, L. S., & Wilson, C. M. (2014). Historical-Clinical-Risk Management-20, Version 3 (HCR-20V3): Development and overview. International Journal of Forensic Mental Health, 13(2), 93–108. https://doi.org/10.1080/14999013.2014.906519
- Echeburúa, E., Muñoz, J. M., & Loinaz, I. (2011). La evaluación psicológica forense frente a la evaluación clínica: propuestas y retos de futuro. International Journal of Clinical and Health Psychology, 11(1), 141–159.