Nota 02 Niñez y adolescencia 25 de junio de 2026 Lectura 7 min
La entrevista forense a niños, niñas y adolescentes: el protocolo NICHD revisado
La forma de preguntar no es un detalle técnico previo a la prueba. Es la prueba. Una entrevista mal conducida no se corrige después: contamina de manera irreversible el material que el tribunal va a valorar.
Durante décadas la discusión se centró en si los niños y las niñas son testigos fiables. La investigación reorientó la pregunta: el factor que más determina la calidad de la información obtenida no es la edad, sino el modo en que se pregunta.
Qué es el protocolo NICHD
Desarrollado por investigadores del National Institute of Child Health and Human Development, el protocolo estructura la entrevista en fases: presentación y encuadre, reglas de la conversación, entrenamiento narrativo con un suceso neutro, transición hacia el tema de interés y exploración mediante invitaciones abiertas de recuerdo libre. Su rasgo distintivo es la jerarquía de preguntas: primero invitaciones («Cuéntame todo lo que pasó»), después indicaciones abiertas y solo al final, y con enorme cautela, preguntas focalizadas.
La versión revisada, difundida a partir de 2014 y sistematizada en la obra de Lamb, Brown, Hershkowitz, Orbach y Esplin (2018), incorporó una fase ampliada de construcción de rapport y recomendaciones de apoyo socioemocional sostenido durante toda la entrevista, especialmente ante contenido emocional y ante la reticencia a hablar. El objetivo no es persuadir a la persona menor de edad de que hable, sino reducir las barreras que impiden que lo haga.
Lo que la evidencia desaconseja
Scott, Manzanero, Muñoz y Köhnken (2014) revisaron la traslación de procedimientos clínico-asistenciales al contexto pericial y concluyeron que varios métodos ampliamente usados carecen de fiabilidad y validez suficientes para el ámbito forense. Entre los señalados están el juego con muñecos anatómicos y la interpretación de dibujos como indicadores de abuso, cuestionados además por su potencial de generar contenido no vivido.
El mismo trabajo advierte sobre el uso de listados de «indicadores clínicos» para inferir que ocurrió un abuso: los síntomas asociados al abuso sexual infantil también aparecen en otras situaciones de estrés —incluido el divorcio conflictivo de los progenitores— y en muchos casos confirmados no aparecen en absoluto.
El registro es parte del método
Sin registro audiovisual íntegro no hay forma de auditar cómo se preguntó, y por tanto no hay forma de valorar cuánto de lo declarado proviene de la memoria y cuánto de la entrevista. En el sistema costarricense, el anticipo jurisdiccional de prueba y las salas especialmente acondicionadas existen justamente para conciliar dos objetivos: obtener una declaración de calidad y evitar la revictimización derivada de repetirla.
Claves para la práctica
- Pedir siempre el registro audiovisual completo, no el resumen ni el acta.
- Contar la proporción de información obtenida por invitaciones abiertas frente a preguntas cerradas o sugestivas.
- Desconfiar de conclusiones basadas en dibujos, muñecos o listados de indicadores clínicos.
- Verificar cuántas entrevistas previas hubo y quién las hizo: cada repetición es una oportunidad de contaminación.
- Distinguir la entrevista de investigación de la atención terapéutica; son objetivos incompatibles en la misma persona profesional.
Referencias
- Lamb, M. E., Brown, D. A., Hershkowitz, I., Orbach, Y., & Esplin, P. W. (2018). Tell me what happened: Questioning children about abuse (2.ª ed.). Wiley-Blackwell. https://doi.org/10.1002/9781118881248
- Cyr, M. (2022). Conducting interviews with child victims of abuse and witnesses of crime: A practical guide. Routledge.
- Scott, M. T., Manzanero, A. L., Muñoz, J. M., & Köhnken, G. (2014). Admisibilidad en contextos forenses de indicadores clínicos para la detección del abuso sexual infantil. Anuario de Psicología Jurídica, 24, 57–63. https://doi.org/10.1016/j.apj.2014.08.001